Siete años en el limbo

El Informe de Competitividad Global 2017-2018 nos permite hacer una valoración de los escasos avances e impresionantes retrocesos de la presente administración. 

Desde hace siete años, la economía colombiana se encuentra en un limbo pro pio de los países inmersos en la trampa del ingreso medio. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, el PIB per cápita de nuestro país pasó de 5.087 dólares en el 2010 a 5.648 dólares en el 2017, lo cual arroja un crecimiento mediocre del 1,6 por ciento anual. En materia de competitividad, pese a los esfuerzos del Consejo Privado de Competitividad –que por esta época cumple 10 años de actividades–, nuestro país se encuentra igualmente atrapado en un preocupante estado de letargo digno de mejor causa.

Durante 40 años, el Foro ha publicado el Índice de Competitividad Global, que este año identifica los retos y las barreras que enfrentan las 137 economías evaluadas en 12 pilares y 111 indicadores preparados bajo la dirección del profesor Xavier Sala-i-Martín. El Informe de Competitividad Global 2017-2018 nos permite hacer una valoración de los escasos avances e impresionantes retrocesos de la presente administración, para lo cual hacemos una comparación de sus resultados respecto del Informe de Competitividad Global 2010-2011. En esencia, Colombia pasó del puesto 68 entre 139 países, al comienzo de la década, al lugar 66 entre 137 economías analizadas en 2017, con lo cual se confirma que la competitividad de nuestro país también cayó en el limbo desde el 2010.

Colombia, en efecto, descendió en 9 de los 12 pilares del Índice de Competitividad en estos siete años, así: instituciones (103 a 117, por el desplome generado por la ingente desviación de recursos públicos, ineficiencia gubernamental y pérdida de confianza en los políticos y en la independencia judicial); infraestructura (79 a 87, por la baja de calidad, incluida la merma de oferta de electricidad); macroeconomía (50 a 62, por el aumento del déficit fiscal, la deuda y la inflación); educación (79 a 88, por la baja en la escolaridad); eficiencia del mercado laboral (69 a 88, por el deterioro en las relaciones entre trabajadores y empleadores y la inflexibilidad regulatoria); tecnología (63 a 66, por la menor inversión en tecnología y caída de usuarios de internet); tamaño del mercado (32 a 37, por el desaliento económico); sofisticación de los negocios (61 a 64, por el bajo desarrollo de clústeres); innovación (65 a 73, por la merma en las capacidades técnicas, calidad de instituciones científicas, colaboración universitaria y gasto de compras públicas en productos avanzados). Sobresalen, además, el alarmante deterioro en impuestos (130 a 135) y su adverso impacto en la inversión (128 al 131) entre 137 países.

De otro lado, mejoramos marginalmente en educación superior (69 a 66, por el aumento del número de estudiantes inscritos), y de forma imperceptible en eficiencia de mercados (103 a 102). Y la sacamos del estadio en desarrollo del mercado financiero (79 a 27, por los avances en solidez bancaria, cobros y acciones legales).

En economía y competitividad, Colombia es, nuevamente, la Patria Boba.